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Síntesis Educativa
 
Instituciones educativas vs TICs Imprimir Correo electrónico
Por Francisca Lanail
Columnista invitada
Jueves 02 de Agosto de 2012 01:08

¿Pueden nuestras instituciones educativas aprovechar pedagógicamente las nuevas tecnologías de información y comunicación? Son muchas las voces que lo reclaman, sosteniendo que su incorporación daría lugar a un cambio que mejoraría el proceso de enseñanza-aprendizaje. Sin embargo, es poco lo que se discute sobre cuáles son las condiciones que deben estar presentes para que eso sea posible y útil.

Podemos comenzar a discutir el problema manifestando que es notoria la distancia entre la sociedad comunicada e informatizada y las escuelas.

Sociedad e instituciones educativas

Por un lado, gracias a la expansión de las nuevas tecnologías de información y comunicación, fue conformándose una cultura que consolida un nuevo modo de aprender: sin roles fijos; sin ámbitos cerrados ni horarios determinados; valorativo de la creatividad intelectual, el espíritu emprendedor y la adquisición de las capacidades cognitivas complejas que aseguren el saber, el saber hacer y el ser. Una de las particularidades de este proceso de aprendizaje es que parte casi siempre del interés del aprendiz y puede ser bastante solitario y disperso, al menos en una etapa.

Por otro lado, las instituciones educativas tienen organizadas sus tareas en una forma diametralmente opuesta. La escuela actual mantiene roles fijos, espacios y tiempos rígidamente determinados; es rutinaria y memorística, no es polémica ni creativa ni emprendedora; sacraliza lo homogéneo y castiga lo heterogéneo; se desentiende, salvo casos excepcionales, del saber hacer y del ser; le impone al aprendiz qué debe saber y cuándo y cómo lo debe aprender; por último, es ruidosa e inútilmente multitudinaria.

La información

Uno de los rasgos más salientes de este momento histórico es el libre acceso a la información. Internet es la más fabulosa base de datos que hemos conocido hasta ahora. Es, indiscutiblemente, una oportunidad para satisfacer la curiosidad natural de cualquier ser humano sin más ayuda que un ordenador y su conexión a Internet. Además, con ayuda de software apropiado y conexión a Internet, es posible aprender diversos oficios o desarrollar importantes habilidades que abren una perspectiva laboral interesante.

¿Qué ofrece la institución educativa ante este panorama? Tan sólo presenta un menú de ofertas simplistas, anquilosadas, repetidas, encasilladas y carentes de interés. La curiosidad del aprendiz y del docente no tiene espacio para satisfacerse; les imponen qué enseñar o estudiar, cuándo y cómo; no pueden acceder a espacios personales, todo está inmerso en una organización en la cuál ellos no son más que números controlados por otros.

Creatividad y conocimiento

El gran reto es estructurar la información que nos va llegando sobre aquellos temas que nos interesan. Según sea nuestra personalidad, cultura, e intereses, debemos ser capaces, no de memorizar, sino de organizar toda la información que nos llega, comprenderla y utilizarla para la acción o para generar nuevos conocimientos. La entrada de lleno en la sociedad de la información requiere de nuevos profesionales, preparados y entrenados para aprender continuamente y a la rapidez que demanda la velocidad vertiginosa a la que se desarrollan Internet y las nuevas TICs.

¿Qué pueden hacer nuestros alumnos con toda esta información? Normalmente el docente presenta la información acotada y estructurada. El aprendiz no tiene condiciones para realizar la tarea de buscar los datos, seleccionarlos, organizarlos y analizarlos confrontándolos con sus saberes y creencias. Esto es muy grave, porque no realiza la tarea que ha de convertir el dato o información en conocimiento adquirido. Una consecuencia inmediata de esta manera de trabajar en los ámbitos educativos es que nuestros egresados no desarrollan la habilidad de aprender cosas nuevas por sí solos y a la velocidad requerida por el avance tecnológico actual.

Aceleración de los cambios y adaptación

Otro de los aspectos destacables de este nuevo mundo es el vertiginoso cambio en cuanto a conocimiento, tecnología, comunicación y accesibilidad a la cultura. Por otra parte, la revolución tecnológica llevó al desarrollo de muchas habilidades en las que los adultos, por edad y formación, difícilmente puedan competir con los jóvenes. Y lo notable de la situación es que un rasgo, la adaptabilidad a los cambios, es el que marca una diferenciación cada vez mayor. El adulto trata de apegarse a lo ya conocido y probado; el joven busca la novedad con la esperanza de encontrar algo mejor.

La institución escolar cumple el rol del adulto. Las autoridades actúan para que, de hecho, las escuelas permanezcan estáticas aunque se hable mucho de actualizarlas. Justamente cuando se habla de la introducción de las TICs se pretende hacerlo sin variar nada más. Es decir, seguimos con la misma estructura de aulas cerradas, alumnos agrupados no por su desarrollo o interés sino por la edad, horarios fijos para cada asignatura, imposibilidad de elegir nada para el alumno, etc. La primera en no adaptarse a los cambios es la institución educativa. ¿Es posible en este contexto favorecer el desarrollo de la adaptabilidad a los cambios?

Jerarquización y homogeneidad de la sociedad

La transmisión de los conocimientos, con anterioridad a estos cambios, estaba basada en una estructura jerárquica y en un protocolo muy institucionalizado; pero en este momento el que puede enseñar no es sólo el que está en el vértice de la pirámide, sino que cualquier persona se convierte en poseedor y transmisor de conocimiento, inclusive los alumnos y los que pertenecen a la base de la antigua pirámide. Por otra parte, la homogeneidad de expectativas, intereses y caminos es lo que se ha revelado como carente de riqueza y poco propicio para el desarrollo de las personas. Lo cierto es que cada vez más la sociedad es proclive a aceptar sin juzgar demasiado lo distinto y a partir de su estudio tratar de aprender .

La estructura de las instituciones escolares pretende perpetuar la antigua jerarquía. No sólo en el interior de la institución, sino en todo el esquema educacional. Además, en un mundo en el que la heterogeneidad ha hecho explosión, tenemos un submundo educativo en el que se sigue valorando a raja tabla la homogeneidad.

Trabajo: equipos formados por individualidades muy sólidas

Dada la riqueza y sutileza de los problemas planteados en las diversas ciencias y actividades humanas no es posible pensar en un individuo que conozca todo y encare sus soluciones. El intercambio de puntos de vista enriquece la visión de cada integrante de los equipos de trabajo; con ello se aprende y se cometen menos errores en las hipótesis de trabajo. Lo dicho no contradice la formación de sólidas individualidades acostumbradas al estudio solitario y esforzado. Recién una vez adquiridos importantes conocimientos y capacidades la persona está en condiciones de formar parte de los equipos de trabajo.

Nuestras escuelas anulan la formación de individualidades fuertes y desarrolladas intelectualmente en el esfuerzo del trabajo. De hecho se masifica al alumnado y al profesorado con la insistencia en la homogeneización de métodos, programas, actividades, contenidos y modos de evaluar y los liderazgos son abortados ante el temor de descontrol.

¿No deberíamos empezar por discutir y modificar estas formas de encarar la educación de nuestros jóvenes?


Sobre la autora:

Frida Lanail Francisca Lanail es Profesora en Castellano y Literatura por la Universidad Nacional del Comahue, Argentina, y ha ejercido como Profesora de Lengua y Literatura y de Didáctica de la Lengua en el Instituto Superior de Formación Docente de General Roca, Río Negro, y como Profesora de educación media, técnica y adultos de Lengua y Literatura y Lógica. Entre 1993 y 1995 ocupó el cargo de Vicedirectora de Escuela de educación media N°73, Gral Roca, Río Negro, fue Vicedirectora y Directora de Escuela de Educación Técnica N°1 de Gral. Roca, Río Negro, entre 1995 y 2001.

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